En este artículo, dirigido a los que empiezan a moverse en el mundo Social Media y a los que ya estaban en ello, trataré de expresar, en unos pocos minutos, mis seis premisas principales, aquellas que me digo y que me sirven para seguir mejorando e investigando cada día (y alguna que otra noche en la que sigo becarizado…). En fin… ¡que hoy vuelvo a tener mi deseado “momento blog”! Así que ¡allá voy!

mi círculo de social media

1. Mírate al espejo (y dite qué ves)

Re-conócete. Analízate. Examina tu marca. Defínete más.
objetivo, autocrítico, reflexivo, introspectivo.

En este minuto cero sentamos las bases de nuestra estrategia, así que debemos ser objetivos y confiar en hacer un buen cemento para poder construir un hogar lo más firme posible, que pueda engendrar muchos pisos sin temblar. Para ello, agarraremos fuerte el boli y nos definiremos en unos puntos básicos muy claros y concretos, en unas etiquetas que delimiten nuestra área al máximo. Después es importante trasladar esa definición a cada perfil, ajustándose al objetivo planteado sobre cada uno (no ha de ser el mismo en Instagram que en Facebook o Linkedin). Por eso mismo, nuestro branding utilizado ha de ser coherente, que siga la misma línea en todas las redes sociales y que sea fácilmente reconocible (usar siempre la misma gama de colores, la misma tipografía, un lenguaje que nos caracterice, etc.).

Asimismo, los objetivos deben estar bien planteados y ser firmes, ya que en torno a ellos girará nuestra campaña, que no seguirá el mismo ritmo si nos dirigimos a aumentar la demanda o vender un producto, que si buscamos aumentar nuestra fama o darnos a conocer.

2. ¡Sal!

Observa. Conoce. Investiga. Empápate de todo.
analítico, aprendiente, humilde.

Este es el momento de escaparnos de nuestro muro, de nuestro blog, de toda nuestra oficina virtual y salir buscar aquellas marcas relacionadas con nuestro sector. Una vez ahí fuera, hay que tratar de buscar fuentes prioritarias, autoridades en nuestro ámbito y otros lugares que nos interesen por algunos puntos fuertes, en particular. Entonces, aprender de sus éxitos y fracasos será nuestra primera lección. Este punto no debe generar una competencia violenta ni desleal, sino todo lo contrario: un enriquecimiento de nuestro sector, contribuyendo a hacerlo más amplio, diverso y competente. Internet es extensísimo y todos tenemos mucho que conocer, así que busquemos los huecos que falten por rellenar, tomemos nota de temas interesantes y enfoquémoslos desde nuestra perspectiva y objetivos.

3. Relaciónate

Habla. Conoce. Escucha. Contesta.
empático, accesible, sociable, cortés.

No está mal eso de relacionarnos entre colegas de nuestro ámbito, pero no olvidemos volver constantemente la mirada hacia nuestro propio público. Si definirnos era el cemento, ellos son lo que nos habitarán y harán que lleguemos a ser rascacielos o quedarnos en un solar donde hacer alguna barbacoa con los amigos de vez en cuando. En serio, cuídemoslos, deben ser nuestra referencia en todo momento, como una foto de familia en el escritorio que nos hará suprimir gran parte de aquel contenido que el afán de mejorar el posicionamiento a menudo podría nublar.

Por un lado, examinemos los gustos de nuestro público actual, averigüemos por qué les interesamos. Por el otro, estudiemos los intereses de nuestro público ideal y atraigámoslo, conociendo de antemano qué nos interesaría comunicarles y cómo les gustaría recibirlo. En general, se trata de conectar nuestro público ideal con el real, enfocando nuestros intereses a sus gustos, acomodemos el lenguaje a cómo queremos que nos vean (es un elemento que informa en gran medida de cómo somos), encontremos las plataformas y las redes sociales de actuación adecuadas en torno tanto al público como a los objetivos. Y, por supuestísimo, hablemos con ellos, preguntemos y, sobre todo, ¡contestemos! Seamos acogedores.

4. Dale duro…

Trabaja. Trabaja. Disfruta con ello. Trabaja.
Sé creativo, claro, coherente, firme, correcto.

Y hemos llegado ya al punto en el que creamos nuestro álbum de letras. En él debemos trabajar a fondo para crear un contenido de valor, que sea original, concreto, coherente con nuestra marca y que tenga aportes extra de la mayor calidad posible, invirtiendo en imágenes y vídeos. 

Creo que pronto empezaré a tocar en algunos artículos más en profundidad este interesante punto… 😉

5. Más vale agenda en mano, que ideas volando

Planifícate. Calendarízate. Valora. Consigue tu frecuencia ideal.
Sé organizado, prevenido, metódico.

¡Basta de perder el tiempo improvisando! Planificarse es un buen método para no perder tiempo ni publicar contenido insulso. En un calendario, pongamos cada día el post que deberíamos publicar, a qué hora, de qué tratará y en qué redes. Para este paso, podemos hacer servir tanto el calendario de Google como Hootsuite, una herramienta que nos permite programar las publicaciones en distintas redes sociales.

No es suficiente planificar, sino que hay que hacer constantes exámenes del efecto de nuestras publicaciones, valorando los días, las horas y el contenido que han sido objeto de mayor éxito, como también será importante explicarnos el porqué de aquello que no ha sido tan aplaudido. Así pues, podremos actuar en consecuencia reelaborando nuestra estrategia. Es importante tener en cuenta aquí que la frecuencia de publicación varía mucho de una red a otra, ya que en algunas como Twitter el post será más efímero que uno en Facebook, por ejemplo.

6. ¿Qué tal? ¡Ponte nota!

Comprueba. Estudia. Reflexiona. Respira hondo. Recapacita. Sea como sea, sigue.
optimista, ambicioso, perseverante.

Este escalón es el psicológicamente más complicado. Debemos ser optimistas y valorar objetivamente nuestra estrategia, sin alterar involuntariamente los resultados dirigiéndolos al cómo quisiéramos que fuesen. En el caso de que no hayamos acertado del todo, o de que podamos mejorar mucho, pues volvemos a eso de mirarnos al espejo que, al fin y al cabo, ¿quién no lo hace varias veces al día por puro gusto?

¡Ánimo!