Basándome en nuestra experiencia, desde los distintos campos que interfieren en la funcionalidad de una web, hoy he decidido adentrarme en la confección en una de esas listas de consejos de aquellos elementos clave de una web, siempre sometiéndonos a los siguientes parámetros: mejora del posicionamiento, enfoque al usuario y adecuación a la marca.

Y sí, sí, cuando digo confección quiero que suene a costura, porque los artículos que tratarán estos elementos debemos tomarlos como hilos que, mediante puntadas casi microscópicas, se enlazan componiendo un jersey que queremos que todo el mundo quiera habitar, de vez en cuando, para estar un poco dentro de nuestra marca. Y, en cuanto a hilos, hablaremos de redes, arañas y enlaces que van y vienen por caminos que han de poder ser escrutados, encontrados, muy usados y valorados por personas o máquinas externas a nosotros mismos.

Así pues, siguiendo con la metáfora del jersey, hoy quiero enseñaros, no el primer hilo, sino algo más general: el diseño, el patrón del producto, agente principal de cualquier proyecto, sin el cual no se pueden empezar a mover las agujas.

Diseño atractivo y adaptado al concepto de la marca

En primera instancia, detengámonos en el concepto de “expresión”… Hablamos de transmitir nuestra marca mediante el diseño, mediante el todo, a poder ser. Ahora bien, ¿os han descrito alguna vez a alguien que no conocíais? ¿Podéis describiros con palabras a vosotros mismos y sentir que ya os conocen? No, ¿verdad? En cambio, ¿podéis ver, oler, tocar a alguien de quien no sabéis una sola palabra y daros cuenta de cosas mucho más esenciales de esa persona? Aunque pueda parecérnoslo, no se trata de desnudarnos, sino de abrir nuestra casa al que quiera pasar y, además, de haberla preparado para las visitas, a conciencia.

Desde su cara más superficial, toda marca quiere transmitir limpieza, coherencia, homogeneidad y debe ser atractiva, cuidada estéticamente. Por otro lado, cada marca tiene su estilo, su definición personal, su concepto, aquello que hay que transmitir con palabras… y con todo, TODO lo demás. El objetivo no es demostrarlo, sino contagiarlo mientras nos leen, mientras nos visitan. Como en un casting, no podemos quedarnos en el intento ni dejar que quede parte de nuestra imagen en el tintero (o en el teclado, en este caso), sino que hemos de expresarlo todo de todas las maneras posibles. Para ello, una web tiene que poner todos los factores habidos y por haber en práctica, y ahí es donde entra el ingenio, la sensibilidad y el conocimiento de cada artesano de la web.

Todo comunica y, para comunicar, todo sirve. Para ello debemos poner los elementos verbales, visuales, emotivos, sensoriales o intuitivos que podamos.

Las palabras son importantes -y ya hablaremos de ellas- pero debemos conseguir que nuestra web no sólo diga, sino que sobre todo exprese transmitiendo, contagiando —como ya hemos dicho— sentido a sentido. Eso es el diseño, el procedimiento mediante el cual contamos sin escribirnos (sin describirnos) los gustos que nos componen, el matiz de nuestro color de pelo, por qué olor queremos que nos recuerden… Ha de decir aquello que queda fuera del espacio de las palabras, y debe hacerlo con los elementos de los que dispone, que no son pocos. Así que, ya que no disponemos de olfato ni gusto en la web (todavía), jugaremos con la tipografía, la selección de imágenes, la gama de colores, la disposición de sus elementos, su apariencia general, el modo de interacción del usuario, etc. y haremos que todo ello cuente nuestro carácter, a la vez que afirma nuestra identidad y haciéndonos una marca más segura en sí misma, a su vez.